LOCURA ITALIANA SEGUNDA PARTE

Writing by Taryn on Tuesday, 14 of August , 2007 at 2:41 pm

Y así transcurrió el último mes de clases. Al menos tuvimos tiempo de compartir ese postrero mes de clases con José Carlos, volvieron las acostumbradas reuniones de los viernes luego de las clases en la universidad con el grupo en pleno. Con pena vimos como esos últimos días se fueron escurriendo inexorablemente. Llegó el día final de clases, mejor dicho de exámenes y a los dos días despedíamos a nuestro amigo que a la tarde siguiente volaba en viaje rumbo a Milán. La despedida fue a todo dar y como no podía ser de otra forma se realizó en casa del propio José Carlos. Uno a uno el grupo se fue reuniendo hasta completarse la camarilla universitaria. Además de nosotros también asistieron personas que no conocíamos, se trataba de los vecinos y amigos de escuela de José Carlos en su mayoría que se sumaban al extraño sentimiento mezcla de alegría y de tristeza, la casa se repletó, la música estaba bien alta pero podíamos comunicarnos y recordar anécdotas de la universidad, sin embargo José Carlos tenía que repartirse entre los tres grupos. Incluso la sorpresa no terminó ahí porque cerca de la medianoche se aparecieron dos de nuestros profesores más queridos de la facultad. Víctor nuestro profesor de Análisis del Mensaje llegó hasta la puerta de la casa, fui yo quien atendió el llamado de la puerta, tremenda sorpresa, era Víctor vestido con jeans y chaqueta de cuero negro, algo totalmente opuesto a sus impecables ternos de la semana, poco me faltó para preguntarle quién era y qué quería. A los pocos minutos hacía lo propio Alberto, nuestro maestro de Fotografía con una botella de un vino finísimo entre las manos.  La reunión se prolongó hasta bien entrada la madrugada y la mayoría de nuestro grupo se retiró, supongo que los vecinos fueron los últimos en retirarse ya que vivían muy cerca del lugar de reunión. Hasta allí llegamos, definitivamente José Carlos no deseaba que fuéramos a despedirlo al aeropuerto, seguramente sabía que se iba a quebrar así que todos nos abrazamos formando un gran círculo y nos retiramos.

 

            El show debía continuar y cada uno se disparó por su cuenta, era el período de vacaciones luego de un extenuante ciclo de clases en la universidad. Ya José Carlos se encontraba seguramente en Milán. En efecto el primer correo electrónico llegó a las dos semanas. Nos contaba que apenas se estaba terminando de instalar en su nueva ciudad y que en esas dos primeras semanas no tuvo tiempo para nada más. Nos contaba que paralelamente a su mudanza se la pasó buscando universidad, necesitaba postular a una donde le fueran convalidados los cursos que había llevado con nosotros, de lo contrario tendría que empezar todo desde cero, idea que no le hacía ninguna gracia ni a él ni a su familia. En esas averiguaciones estaba cuando empezó a contarnos sus correteos por todo Milán. Sucedió que, nada más llegar a la ciudad, le recibieron demasiado bien según sus propias palabras. Nos cuenta que en el counter del aeropuerto lo atendió una recepcionista que parecía caída del cielo, él no entendía nada del idioma pero dice que la dejó explayarse porque su voz era como música para sus oídos, siempre fue muy poético y entendí muy bien lo que nos quiso decir. Es así que embelesado por la amable y bella señorita según su descripción que José Carlos olvidó su pasaporte. No se dio cuenta de esto hasta dentro de dos días cuando empezó a poner orden entre sus efectos personales. Llamaba y llamaba a las oficinas del aeropuerto pero nadie le supo dar razón así que tuvo que apersonarse, el destino lo favoreció según nos cuenta porque cuando se acercó estaba de turno la misma señorita que lo había atendido así que se dirigió hasta ella, ahora si lograron comunicarse muy bien pues hablaron en inglés. En efecto el destino lo favoreció y mucho. José Carlos nos contó que la recepcionista le había guardado el pasaporte pero que lo había olvidado en una de sus otras carteras -un viejo truco femenino pensé- y le pidió que regresara al día siguiente por él. José Carlos astuto le dijo que podía  esperar a que su turno terminara y acompañarla hasta su casa a recoger el pasaporte, supuse que no era su única intención y ninguno de los tres erró.

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