Writing by Taryn on Wednesday, 29 of August , 2007 at 10:10 am
Ahora, ya no es necesario llegar al destino elegido de nuestro viaje y recién en ese momento, cuando estamos cansados y deseosos de reposar, elegir un determinado hospedaje para uno, y si viajamos con la familia, para ellos también. En la actualidad, la tecnología y lo moderno de este mundo, nos brinda la posibilidad de resolver muchos asuntos, sin que nuestra presencia sea necesaria.
Una de las muchas dificultades que puede ser resuelta por la tecnología se da cuando deseamos realizar reservaciones de un hotel. Podemos hacer reservaciones por internet. Es decir, los diversos hoteles que existen tienen su página web, y a través de ella podemos conocer el interior y exterior del hotel que estamos consultando. Cada página web tiene diversos links y podemos elegir el indicado para la reservación del hotel.
Como no estamos frente a la gerencia o el representante del referido hospedaje, entonces, muchas veces se hace necesario tener una cuenta corriente o una tarjeta de crédito. Con sólo digitar el número de la tarjeta o de la cuenta, los representantes del hotel están seguros de que a su llegada, el viajero de verdad se hospedará en el hotel que está escogiendo.
Por el contrario, hay otros hospedajes que no necesitan el pago por adelantado. Confían en la palabra de la persona y tienen otras maneras de asegurarse. Realizar un acuerdo por internet tiene diversas cláusulas, y a través de ellas los dueños se aseguran de la franqueza de la persona. A pesar de la lejanía, realizan el trámite, y cuando el turista llega a la ciudad, tendrá asegurada su estadía en el hotel escogido.
Hay otros programas que permiten realizar las reservaciones del hotel en línea. A diferencia de los casos anteriores, en este programa estás conectado con una persona a través de los servicios de chat que tiene cada empresa. Con la persona que te comunicas realizas el acuerdo correspondiente. E inclusive, pueden sacarse muchas conclusiones a través del tono de voz de una persona o a través de las palabras que diga.
Como vemos, ahora podemos realizar reservaciones de hotel en Turín, Venecia o Santo Domingo. No importa el lugar donde nos encontremos, el internet nos brinda beneficios que debemos aprovechar, sobre todo cuando el tiempo no es suficiente para completar algunos planes que tengamos. También se pueden realizar reservaciones de vuelo, si no tenemos tiempo para ir a una determinada aerolínea, el internet nos brinda las facilidades del caso.
Siempre es bueno darnos cuenta de lo positivo que trae el internet y no generalizar. Muchos piensan que este nuevo medio de comunicación mundial sólo genera consecuencias negativas, principalmente en los jóvenes, pero debemos analizar bien cada uno de los programas de este medio y saber obtener lo positivo de todo ello. Sea un adulto o un joven, cada persona es libre de escoger el programa que desee.
Y si viajamos, ya no hay ninguna excusa para no elegir un hotel. Estemos en el lugar elegido o en nuestras casas, podemos realizar las reservaciones correspondientes.
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Writing by Taryn on Tuesday, 28 of August , 2007 at 1:02 pm
En efecto, terminando de leer los correos de José Carlos me enteré que ese mismo día que fue a recoger su extraviado pasaporte hasta el aeropuerto de la ciudad de Milán, tuvo un feliz final. Se había logrado contactar con la bella señorita que lo recibió en el mostrador del aeropuerto a su llegada. Al parecer se llamaba Lorna. Y ahí mismo se quedó mi amigo, casi sembrado frente al mostrador de su musa inspiradora. Tuvo que esperar poco más de dos horas a que termine el turno de Lorna para poder acompañarla hasta su casa a recoger el bendito y providencial pasaporte. Su viaje hacia Italia había comenzado muy intensamente y no pensaba desperdiciar tamaña oportunidad de conocer una chica a su medida. Y pasó el tiempo previsto y los nervios empezaron a hacer presa de José Carlos, pensó que quizás simplemente su pasaporte le sería entregado y allí mismo quedaría cerrado el asunto, sin embargo los ojos de Lorna le dijeron algo más según él.
Lorna abandonó el mostrador y sorprendió a José Carlos que se había afanado en leer una revista para aplacar las ansias. Ella lo invitó a emprender la marcha y, cogiendo un taxi, se dirigieron hasta el hogar de la guapa italiana. En el camino José Carlos se presentó como un dedicado estudiante español que había llegado hasta Milán para quedarse y hacer una vida. Lorna por su parte le contó que trabajaba en el aeropuerto y que paralelamente se ganaba la vida también como modelo de pasarela. Eso explicaba su exaltada belleza y la falta de palabras de José Carlos para acercarme una descripción a tono con su emoción. Llegaron rápidamente a la casa de Lorna que vivía cerca del aeropuerto, y José Carlos fue invitado a pasar ante su sorpresa. Incluso me cuenta que le ofreció una merienda que él gustoso aceptó. Terminada la misma su pasaporte le fue devuelto junto con una invitación a un desfile de modas en la que Lorna tomaría parte esa misma noche por lo cual la respuesta debía ser inmediata. No se lo pensó dos veces y, mi suertudo amigo la acompañó también al desfile. El mismo se realizó en un centro comercial de la ciudad y tuvo la oportunidad de observar a Lorna vestida con diferentes estilos y hasta con ropa de baño. No podía creer lo que le estaba sucediendo y pensar que en un momento pensó quedarse solo en España y dejar ir a su familia. Si hubiese sabido que la iba a pasar tan bien, de seguro él mismo se hubiese encargado de precipitar el viaje a Italia.
Una vez terminado el desfile José Carlos me cuenta que salieron a dar un paseo por la ciudad y lo que más le sorprendió fue la belleza de
La Catedral De Milán con sus dimensiones gigantescas y sus innumerables torreones al estilo gótico. Supo ahí mismo por su hermosa guía turística que la construcción de la misma se hizo durante varios siglos y que albergaba estilos practicados por arquitectos franceses, alemanes y los propios italianos. Ahí mismo quedó con la boca abierta contemplado los más d cincuenta metros de altura d la colosal construcción y sus más de ciento cincuenta metros de ancho. Un detalle que también le llamó la tención fue la gran cantidad de efigies que alberga esta catedral sumando más de tres mil entre las interiores y las exteriores. Definitivamente una joya arquitectónica, según José Carlos aunque no se si se refería a su nueva conquista o a la Catedral.
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Writing by Evan on Tuesday, 21 of August , 2007 at 3:05 pm
Ya instalados en el hotel de turistas de aquella entrañable localidad en las afueras de Portugal lo primero que hicimos con mis padres fue acudir presurosos al restaurante del hotel, desembarazándonos de nuestro equipaje. Veníamos de un largo viaje a través de Lisboa en el que mi padre condujo el automóvil durante todo el camino, imagino lo cansado que se sentía. Claro que en el camino hicimos algunas paradas a modo de descanso y de paso conocer algunos puntos turísticos de la vieja Lisboa. Recuerdo que en un momento mis padres me dijeron que pasaríamos un rato a visitar Belem, claro en ese momento y con el poco bagaje cultural acumulado yo pensé que se trataba de la ciudad santa de Belén en Israel, mi imaginación voló literalmente hasta medio oriente y pensé que íbamos a visitar el barrio donde había nacido Jesús, y además, tenía sentido porque durante gran parte del viaje mis padres se encargaron de ponerme al tanto que todo el pueblo de Portugal es muy católico. Pero no fue así porque cuando llegamos al barrio de Belem yo me afanaba tiroteando y corriendo de un lado a otro tratando de ubicar un pesebre o lo más parecido a lo que podía haber sido la cuna de Jesús. Al poco me rendí y decepcionado le pregunté a mis padres dónde era que se encontraba el lugar donde Jesús había nacido. Ellos se miraron sorprendidos y sacudieron la cabeza casi al unísono, fue mi madre la que amorosamente se puso de cuclillas y tomándome de los brazos, con los ojos casi húmedos de la emoción, me dijo que nos encontrábamos bastante lejos del lugar donde Jesús había nacido. Yo no entendía, ellos habían dicho Belem bien claro. Fue mi padre el que con su tremenda agilidad mental logró desenmarañar el confuso nudo mental e imitando la postura de mi madre se agachó a decirme, poniendo especial énfasis, en su movimiento labial, que ellos se habían referido a Belem y no a Belén. Pero yo no me rendí e inocentemente pregunté cuando era entonces que iríamos a Belén. Mi padre sonrió y me dijo que muy pronto y que no tendríamos que viajar mucho para dar con el lugar.
Pero ya que estábamos en Belem aprovechamos y nos recreamos en un paseo por la ciudad que presentaba gran cantidad de áreas verdes. Nos detuvimos en una muy bella plagada de bancas que tenían un estilo de construcción un tanto antiguo pero en perfecto estado de conservación. Apostados ahí tomamos un pequeño refrigerio antes de proseguir con nuestra travesía. Durante el refrigerio aproveché para desfogar mis fuerzas correteando como un loco por uno de estos parques, estaba a mis anchas. Mis padres por supuesto aprovecharon sus momentos de privacidad pero siempre atentos a mi seguridad aunque a decir verdad en ese tiempo no existía tanta inseguridad en las calles como en la actualidad, los niños podían dar algunos paseos sin temor a terminar con un pervertido. Como digo mis padres aprovecharon su tiempo para dedicarse a sus lecturas. Mi padre con el diario en la mano, supongo tratando de leer de corrido en portugués, mi madre por su parte devoraba con fruición una de sus inseparables novelas románticas. Yo en mis correteos hice algunos amiguitos en el recordado parque, recuerdo que fue mi primer acercamiento a otra cultura, ellos hablaban raro, no se les entendía, no era un idioma extraño ya que el portugués es bastante similar al castellano al menos en varias palabras, eso ahondó mi confusión y pensaba que aquellos niños tenían problemas para hablar. Sin embargo me di maña para entenderlos y jugar con ellos, para patear una pelota no se necesita ser un gran representante de la retórica, y así lo demostré. Cuando menos me di cuenta el improvisado encuentro de fútbol había terminado y volteé la cabeza para observar a mis padres, ellos seguían en la banca donde los había dejado pero ahora daban algunos cabeceos, no relacionados con el fútbol sino más bien con el sueño. Fue entonces que los chicos que había conocido me propusieron ir a visitar a Jerónimo, eso les entendí a duras penas. Con mis padres durmiendo pensé que era buena idea y me propuse ir y venir rápidamente para que no se alarmaran en caso despertaran. Y fuimos a visitar al tal Jerónimo que no resultó ser quien yo esperaba.
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Writing by Taryn on Monday, 20 of August , 2007 at 9:07 am
Es interesante ver cómo géneros musicales como el rock, considerado en el pasado propio de ‘clases inferiores’, hoy es atractivo de muchas ciudades europeas. Su potencia como uno de los más salvajes imanes de aventura se evidencia en los miles de turistas que cada año se dan una vuelta por naciones musicales con el fin de excitarse con un concierto de Iron Maiden (en España) o una gira inédita de Roger Waters –mítico bajista de Pink Floyd- (en Inglaterra). Es que la música es la forma de arte más embriagante y ‘hermanante’. Invento esta última palabra para describir el carácter grupal que tiene muchas veces un recital. O un pogo, aquel baile colectivo en que los oyentes se dan indefensos golpes con sus hombros y desfogan aquello que quieren exteriorizar. Bailando son uno solo. Una masa. Es así que el rock es uno de los bastiones del turismo musical, actividad en que cada vez más personas se aventuran. Ahora les vengo a hablar de un asunto que me fascina: la música nórdica. Vista desde un ángulo excursionista, es decir como atractivo turístico y cultural. Finlandia es uno de esos países, pertenecientes a las tradiciones escandinavas, que ha mezclado su clima gélido con el nacimiento de bandas o compositores geniales. Y musicalmente atrevidos. Sino preguntar por qué tanta gente viaja muchas leguas para ser parte de alguno de los míticos conciertos de Helsinki, capital rockera de Europa. Para ver a quién sabe quién. No, mentira. Para disfrutar de los acordes helados de ellos. Ellos son desde The Rasmus, última banda joven de música fresca y bien construida, hasta Children Of Bodom, grupo que fusiona el ‘metal neoclásico’ con voces salidas desde dentro del estómago (growls). Pasando, lógicamente, por dos agrupaciones, cuyo impacto en el mundo (ahora de índole turístico) es fortísimo: Stratovarius y la leyenda Nightwish. Les hablaré de ellos. La primera es más antigua que la segunda y constituye una revolución en el mundo del rock duro. Se trata de quienes definieron el estilo moderno del ‘power metal’ a punta de los rapidísimos guitarreos de Timo Tolkki y la épica voz de Timo Kotipelto. Ellos hicieron que muchos jóvenes dejen de oír lo que ofrecían los circuitos radiales y penetren en las melódicas canciones de Visions, su álbum más famoso. Así, muchos amantes de su música los siguen en sus recitales gélidos, los cuales tienen lugar en distintos puntos de Europa. Nightwish o ‘deseo nocturno’ es una exquisitez. Atrae a la capital finlandesa a miles de rockeros con los teclados sinfónicos de Tuomas Holopainen y la contundente batería de Jukka Nevelainen, un músico que se parece mucho al astro del fútbol brasileño Ronaldo. Sus conciertos son rebosantes en potencia y melodías rimbombantes. Además, el escenario gótico de las ciudades donde tocan es motivo para que los fanáticos conozcan más de la cultura escandinava y se paseen por sus bellas arquitecturas. Dicho de otra forma, la música atrae multitudes. Y es una excelente vía para conocer la cosmogonía de un pueblo. En el acorde de uno de sus guitarristas descansa la actitud de toda una colectividad. ¿Qué dice? ¿Se deja llevar por las melodías que emanan de su cuerpo? ¿Le gustaría embarcarse en un buen ‘trip’ musical? Suerte.
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Writing by Taryn on Tuesday, 14 of August , 2007 at 2:41 pm
Y así transcurrió el último mes de clases. Al menos tuvimos tiempo de compartir ese postrero mes de clases con José Carlos, volvieron las acostumbradas reuniones de los viernes luego de las clases en la universidad con el grupo en pleno. Con pena vimos como esos últimos días se fueron escurriendo inexorablemente. Llegó el día final de clases, mejor dicho de exámenes y a los dos días despedíamos a nuestro amigo que a la tarde siguiente volaba en viaje rumbo a Milán. La despedida fue a todo dar y como no podía ser de otra forma se realizó en casa del propio José Carlos. Uno a uno el grupo se fue reuniendo hasta completarse la camarilla universitaria. Además de nosotros también asistieron personas que no conocíamos, se trataba de los vecinos y amigos de escuela de José Carlos en su mayoría que se sumaban al extraño sentimiento mezcla de alegría y de tristeza, la casa se repletó, la música estaba bien alta pero podíamos comunicarnos y recordar anécdotas de la universidad, sin embargo José Carlos tenía que repartirse entre los tres grupos. Incluso la sorpresa no terminó ahí porque cerca de la medianoche se aparecieron dos de nuestros profesores más queridos de la facultad. Víctor nuestro profesor de Análisis del Mensaje llegó hasta la puerta de la casa, fui yo quien atendió el llamado de la puerta, tremenda sorpresa, era Víctor vestido con jeans y chaqueta de cuero negro, algo totalmente opuesto a sus impecables ternos de la semana, poco me faltó para preguntarle quién era y qué quería. A los pocos minutos hacía lo propio Alberto, nuestro maestro de Fotografía con una botella de un vino finísimo entre las manos. La reunión se prolongó hasta bien entrada la madrugada y la mayoría de nuestro grupo se retiró, supongo que los vecinos fueron los últimos en retirarse ya que vivían muy cerca del lugar de reunión. Hasta allí llegamos, definitivamente José Carlos no deseaba que fuéramos a despedirlo al aeropuerto, seguramente sabía que se iba a quebrar así que todos nos abrazamos formando un gran círculo y nos retiramos.
El show debía continuar y cada uno se disparó por su cuenta, era el período de vacaciones luego de un extenuante ciclo de clases en la universidad. Ya José Carlos se encontraba seguramente en Milán. En efecto el primer correo electrónico llegó a las dos semanas. Nos contaba que apenas se estaba terminando de instalar en su nueva ciudad y que en esas dos primeras semanas no tuvo tiempo para nada más. Nos contaba que paralelamente a su mudanza se la pasó buscando universidad, necesitaba postular a una donde le fueran convalidados los cursos que había llevado con nosotros, de lo contrario tendría que empezar todo desde cero, idea que no le hacía ninguna gracia ni a él ni a su familia. En esas averiguaciones estaba cuando empezó a contarnos sus correteos por todo Milán. Sucedió que, nada más llegar a la ciudad, le recibieron demasiado bien según sus propias palabras. Nos cuenta que en el counter del aeropuerto lo atendió una recepcionista que parecía caída del cielo, él no entendía nada del idioma pero dice que la dejó explayarse porque su voz era como música para sus oídos, siempre fue muy poético y entendí muy bien lo que nos quiso decir. Es así que embelesado por la amable y bella señorita según su descripción que José Carlos olvidó su pasaporte. No se dio cuenta de esto hasta dentro de dos días cuando empezó a poner orden entre sus efectos personales. Llamaba y llamaba a las oficinas del aeropuerto pero nadie le supo dar razón así que tuvo que apersonarse, el destino lo favoreció según nos cuenta porque cuando se acercó estaba de turno la misma señorita que lo había atendido así que se dirigió hasta ella, ahora si lograron comunicarse muy bien pues hablaron en inglés. En efecto el destino lo favoreció y mucho. José Carlos nos contó que la recepcionista le había guardado el pasaporte pero que lo había olvidado en una de sus otras carteras -un viejo truco femenino pensé- y le pidió que regresara al día siguiente por él. José Carlos astuto le dijo que podía esperar a que su turno terminara y acompañarla hasta su casa a recoger el pasaporte, supuse que no era su única intención y ninguno de los tres erró.
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Writing by Evan on Sunday, 12 of August , 2007 at 10:45 am
Cuando uno es niño generalmente todo es felicidad. Las preocupaciones aún no nos asisten y siempre estamos al cobijo de nuestros padres. Ni siquiera advertimos los problemas que se cernirán sobre nosotros dentro de algunos años. Una de las cosas que más me gustaba de esta época eran los viajes que hacía en compañía de mis padres y en mi caso la satisfacción era mayor ya que ambos eran separados. Sin embargo encontraban espacios para compartir momentos conmigo y durante ese día se comportaban como una pareja normal. Sin duda todo lo hicieron por mi.
Recuerdo mucho un viaje que hicimos por el interior de Portugal. Mi padre rentó un auto y estuvimos de vacaciones cerca de una semana. La verdad yo tenía seis años aproximadamente y a esa edad el tiempo no es cuantificado de la mejor forma, recuerdo que fueron días felices y daría lo que fuera por retroceder el tiempo. A mi padre siempre le gustaron los autos Peugeot. Pasamos años paseando a bordo de uno de estos autos, eso si lo recuerdo con claridad, era el modelo 404 de la escudería francesa, color plomo de un brillante impecable, tenía cuatro puertas y la cola del auto remataba en faros traseros alargados, lo más parecido a un batimóvil que he visto. Los neumáticos presentaban en su interior los antiguos aros con una placa única. En el interior los asientos eran muy cómodos, de un color guinda muy elegante. Recuerdo que disfrutaba pararme en el centro del asiento trasero y desde ahí divisar el impecable tacómetro del automóvil. En el disfrutaba ver cómo la aguja indicadora de la velocidad iba subiendo 40, 50, 60,70, rezaba para que llegue a 180 kilómetros por hora. El timón era finísimo también, recubierto de un hule brillante era adornado por otro círculo interior de metal que además tenía la función de servir de bocina. Estos autos presentaban la palanca de cambios a la derecha del timón. La parte superior del tacómetro estaba protegida de la suciedad con un hermoso paño de franela color verde, del mismo tono de las mesas de billar. Finalmente el techo interior del auto estaba acolchado con un tapiz blanco que tenía innumerables puntos negros a manera de adorno. Y ahí estaba mi padre, al frente del volante vistiendo sus clásicas guayaberas y sus gafas para manejar mejor según el, era un tipo muy concentrado y respetuoso de las leyes de tránsito. Al costado viajaba mi madre siempre solicita y atenta al niño que viajaba detrás pero sin perder de vista la carretera y algún distractor que pudiese aparecer. Viajábamos acompañados por la música de la radio, esta era sintonizada en un tablero original, muy alargado y con una guja guía color rojo.
En uno de aquellos viajes nos hospedamos en un hotel que quedaba en las afueras de Lisboa. Se respiraba tranquilidad en aquella zona. La entrada era un jardín enorme, al menos a mis infantiles ojos, había dos canchas de cemento con sendos arcos para practicar el fútbol y una hermosa piscina con un tobogán y un pequeño trampolín para los más atrevidos. Luego aparecía el restaurante del hotel con mesas cuadradas recubiertas de inmaculados manteles blancos y mozos correctamente vestidos distribuidos por toda la estancia. Una discreta puerta apostada en el fondo del restaurante desembocaba en un largísimo pasadizo en donde se abrían a izquierda y derecha los cuartos, el corredor a su vez desembocaba en un inmenso jardín con algunos juegos y mesas con sombrillas. Aun más allá el hotel se extendía en un enorme estacionamiento que circundaba todos los jardines del hotel completando el área de las instalaciones. Aun hoy estoy oliendo los aromas de aquel día en el restaurante del hotel, puedo ver con claridad a las personas que comen y conversan en las mesas, a los mozos que con bandeja en mano sortean las mesas y puedo escuchar la música relajante que servía de fondo para el repiquetear de los trastos cuando chocaban unos con otros al momento de ser apilados en la cocina para su limpieza. Gracias papá.
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Writing by Taryn on Sunday, 12 of August , 2007 at 9:37 am
Recuerdo que transcurría la segunda mitad de la década de los noventa cuando mi amigo José Carlos decidió emigrar rumbo a Italia. Últimamente su comportamiento era errático, no estaba concentrado en las clases de la universidad y a veces hacía acto de desaparición los viernes por la noche que era los días obligados de reunión en un local cercano a nuestra facultad con el fin de tomar unos tragos y comentar las anécdotas de la semana.
Un buen viernes mis amigos y yo urdimos un plan para que José Carlos no se de a la fuga y participé con nosotros en la reunión. Es así que lo esperamos fuera del aula. Cuando el tropel de alumnos salía del aula una vez terminada la cátedra de ese día, ya algunos de nosotros estábamos apostados en los alrededores de la única puerta que daba al pasadizo del pabellón en cuestión. A lo lejos divisamos a José Carlos que salía con un semblante preocupado pero a la vez muy nervioso mirando hacia todas partes como buscando que evitar encontrarse con algún conocido que le impidiera retirarse. En esos momentos cuando aun repasaba con la mirada fue que le caímos en grupo y lo rellenamos de cariñosos golpes y cachetadas típicas de nuestra edad, José Carlos no pudo hacer más que cubrirse la cabeza con las manos y resignar su captura. A rastras lo llevamos con nosotros por todo el campus universitario y nos dirigimos rumbo a la puerta. Cualquier observador de estas escenas hubiese pensado que José Carlos estaba siendo víctima de secuestro, pero no, simplemente lo estábamos reclutando para un trabajo que él ya conocía: reunirse con nosotros los días viernes.
Y así a trompicones logramos ingresar a nuestro querido local que presto nos esperaba. Dos cervezas se oyó y José Carlos sonrío, allí estaba de nuevo como los viejos tiempos, no tan viejos en verdad, sus esquivas eran cuestión de un mes atrás o dos cuando mucho. Y las bromas empezaron como era lógico. Que pasa, le dijimos, seguro te has conseguido una novia bien fea. Las carcajadas invadieron todo el recinto, José Carlos encajó bien la chanza y en seguida nomás alguien le dijo: seguro estas saliendo con un chico o con tu profesor de literatura, y una segunda ola de carcajadas inundó el local en el que departíamos. José Carlos rojo como un tomate tuvo que confesarnos la verdad. Su familia en pleno viajaba rumbo a Milán, Italia a radicar, José Carlos evidentemente iba a ser arrastrado en el éxodo. Nos quedamos mudos y fuimos ahora nosotros quienes bajamos las miradas. Fue un remesón para todos. Iba a ser una sensible baja para el grupo que habíamos formado. José Carlos nos detalló que su padre había conseguido un excelente puesto de trabajo por allá y decidió vender la casa y ultimar todo el viaje así como así. El carácter a veces tímido, a veces indeciso de José Carlos aceptó la decisión aunque no muy convencido de ello. Para empezar no conocía el idioma y debía apuntarse en una universidad nueva, la incertidumbre iba a ser su compañera de viaje sin duda. Lo que él no intuía en esos momentos es que una vez llegado a Italia iba a enloquecer según sus propias palabras.
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